Avancemos Juntos Texas: Ayuda para niños con discapacidad y necesidades especiales

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Cuidándote a ti misma

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Me acuerdo cómo le mentía a todos cada vez que me preguntaban, “¿Te estás cuidando, verdad? Ya sabes que Jason depende de ti y tienes que cuidarte por su bien.” Y pues yo siempre contestaba, “¡Claro que sí!”, pero en realidad me decía a mí misma, “¡Claro, cómo si pidiera hacerlo!”. Mi hijo nació prematuro. Después de muchas altas y bajas, y de pasar 6 meses en el hospital, finalmente lo dieron de alta y lo pudimos llevar a casa. Tenía que bombear leche de mis pechos (o cuando menos debía hacerlo) cada 2 horas. Además estábamos construyendo la casa de nuestros sueños y yo estaba llevando la obra y consiguiendo contratistas. Y por si fuera poco, mi esposo y yo terminamos siendo los contratistas para los acabados. “¿Cuidándome?”, ni en sueños.

Desafortunadamente descubrí a la mala lo que pasa cuando no me cuido: me dan etapas de depresión que pueden durar de 4 a 6 meses y me siento perdida sin saber quién soy, qué necesito y qué quiero. Esas personas que amablemente me preguntaban si me estaba cuidando, resulta que tenían toda la razón, no podía cuidar a Jason si no me cuidaba yo.

Cuidarte y estar consciente de ti misma es algo que debes hacer diariamente. No fue sino hasta que se me acabó el deseo y la energía para jugar con él, que reaccioné. Mi querido y dulce hijo que se había esforzado tantos años para aprender a caminar y hablar, y ahora mamá ya no podía jugar con él. En ese momento me di cuenta que necesitaba buscar ayuda.

Nuestras familias simplemente no pueden funcionar si no descansamos y nos cuidamos. Pero, como madres nos es difícil darnos el tiempo necesario para hacerlo.

Así es que, si eres como nosotras y necesitas ayuda para saber por dónde empezar, te sugerimos lo siguiente:

  • Empieza dándote 5 minutos. A veces mi único descanso era leer una revista en el baño por 5 minutos. Sin embargo, cualquier actividad sencilla que puedas hacer por 5 minutos, como tomar vitaminas, peinarte o alejarte de todo mientras te bañas, son buenas actividades sencillas con las que puedes empezar y son una buena forma de practicar. Poco a poco puedes aumentar el tiempo que inviertes en ti misma, hasta que puedas tomarte 30 minutos del día.
  • Haz algo por ti cada día. Tal vez puedes dedicarte al jardín, o puedes salir a correr o hacer yoga. Cualquier actividad diaria sencilla que hagas te ayudará a aumentar la energía en tu cuenta de banco interna más rápido que si tratas de hacer depósitos grandes y poco frecuentes.
  • Date el poder de elegir. En lugar de pensar “Debería….” o “Tengo que…” piensa si esas cosas en realidad te darán más energía o si te la van a quitar. Además te permite empezar a decirte a ti misma, “No lo haré” en lugar de decir “No lo puedo hacer.”
  • Cuando necesites decir no, di que no. No necesitas cocinar para cada venta de pasteles, ni ser parte de cada comité, ni ir a cada fiesta que te invitan. A veces hasta puedes permitirte decir no a cosas relacionadas a tu hijo. La deuda a largo plazo con tu alma por ignorar tu cuidado es mayor que cualquier falta de habilidad que pueda tener tu hijo física, intelectual o socialmente. Y si nunca dices que no, ¿entonces qué valor tiene decir sí?
  • A tus amigas diles que sí. Si tus amigas te ofrecen su ayuda, acéptala. Puedes pedirles que te acompañen a una cita con el médico que sabes será difícil, o deja que tus amigas cuiden a tu hijo unos minutos para que puedas estar sola. O ve con ellas a tomar un café cuando estén dispuestas a escucharte cuando necesites desahogarte.
  • Date a ti misma permiso de reír, llorar o hacer las dos cosas. A veces nuestras vidas son muy difíciles. Necesitamos darnos permiso de lamentarnos. O de bromear un poco, porque necesitamos hacerlo para animarnos a seguir adelante. Todas estas son reacciones naturales y es importante que te permitas darle rienda suelta a tus emociones.
  • Habla con alguien. Ya sea un amigo, el médico o un consejero. Si se te hace difícil cuidarte a ti misma, por cualquiera circunstancia, habla con alguien ya que es un buen paso para empezar a hacerlo de manera regular.
  • Recuerda que el crecimiento de tu niño no se realiza en línea recta, y tampoco el tuyo. A veces nos damos cuenta que nos hemos olvidado de nosotras mismas y hemos perdido la costumbre de cuidarnos. No es malo retroceder un poco. Solamente reconócelo. Piénsalo. Y empieza de nuevo desde donde te encuentres.

Nuestros hijos con discapacidad, sus hermanos, nuestras parejas, parientes y compañeros de trabajo son personas importantes, y todos se ven afectados por nuestra salud emocional.

Necesitamos permitirnos esos 5 minutos (o más, pero empieza con 5 minutos) aunque sea en el baño a solas con nuestra revista. Porque solo así tendremos mucha más fuerza y reservas para ayudar a nuestros hijos.

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