Avancemos Juntos Texas: Ayuda para niños con discapacidad y necesidades especiales

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Como se aprende a continuar progresando como un adolescente teniendo una enfermedad mental

06/23/2015 | Publicado por: Anonymous

Al terminar de cursar el segundo año en la universidad le escribí un correo electrónico a mi maestro de preparatoria en el cual le conté lo que había logrado en los últimos 3 años. Lo que había logrado desde que había estado en su clase y lo que esperaba lograr en el futuro, graduarme con honores, encontrar un trabajo que me encantara y empezar a construir mi vida lejos de donde me crié.

Pero nunca envié el correo electrónico, porque en realidad no iba dirigido a él, sino a mí. Era la manera de recordarme a mí mismo lo lejos que había llegado. Si, fui alumno de este maestro cuando tenía 16 años de edad. Estaba cursando el penúltimo año de preparatoria cuando empecé a sentir los síntomas de esta enfermedad que cambio mi vida estudiantil en preparatoria y la mayor parte de mi vida siendo un adulto joven. Lo que el médico diagnosticó originalmente fue “depresión de la adolescencia”. Pero que en realidad resultó ser depresión por trastorno bipolar, una enfermedad mental que no se puede curar pero la cual he podido manejar y con la que he salido adelante y aprendido a vivir.

Al igual que le sucede a la mayoría de los adolescentes que padecen de un trastorno mental grave, yo tuve que recorrer un camino que no fue muy directo y estuvo lleno de tropiezos. Cuando estaba retraído o de mal humor, mis padres decían que tenía la típica actitud de un adolescente. Y cuando me costaba trabajo concentrarme en la clase, los maestros asumían que se debía a que yo quería ser un rebelde. Cuando llegue al punto en que sentía una tristeza de la cual no podía salir y que ya no soportaba, vi a un psiquiatra que me diagnosticó depresión y sólo me dio el tratamiento para eso, pero ese diagnóstico estaba completamente equivocado. Es algo que sucede a menudo cuando se trata de personas que tienen el mismo tipo de trastorno bipolar que tengo yo, que sufren de una depresión más intensa y de manías pequeñas (a las cuales las llaman hipomanía). Lo malo es que el tratamiento para la depresión que me dieron causó que tuviera hipomanía intensa. Esto es algo que sucede frecuentemente con las personas que tienen trastorno bipolar.

Esto pasa generalmente cuando el psiquiatra se da cuenta que no se trata de un caso de depresión y receta una mezcla de medicamentos estabilizadores del estado del ánimo, antidepresivos y a veces antipsicóticos. Desafortunadamente, en mi caso el recorrido fue turbulento, ya que no me diagnosticaron correctamente ni me dieron el plan de tratamiento que necesitaba sino hasta un año después de empezar a mostrar síntomas de depresión, manía y psicosis. Mi vida estaba en ruinas.

Pero no todo fueron malas noticias, hubo algunas cosas que si resultaron. Gracias al esfuerzo de mis padres, pude llegar a un acuerdo sobre un plan de estudios con el distrito escolar, me dejaron tomar clases a las que había faltado o que había reprobado debido a mi enfermedad, y me pude graduar a tiempo. Me esmeré y trabajé duro para mejorar mis calificaciones y me dieron una beca en una escuela que me gustaba y que yo respetaba.

No fue fácil tener que ajustarme a mi nueva vida universitaria y a mi diagnóstico de trastorno bipolar. Pero creo que estar consciente de mi condición física y mental me ayudó a tener la ventaja sobre mis compañeros y salir adelante. Aprendí a manejar mi horario de sueño y a mantener un estado de ánimo estable, así como también a tener la mente clara, comer bien y hacer ejercicio de manera regular. Esos son los mismos hábitos que tengo hasta la fecha.

Yo me había propuesto que aprovecharía todas las oportunidades académicas y profesionales que estaban disponibles en la universidad. Quería comprobar que yo tenía mucho que ofrecer y aportar, y que la enfermedad no define quién soy. Así que estudié en el extranjero 3 veces, en Italia, Ghana y el Reino Unido. Estuve de pasante  para un senador de Estado Unidos. Me titulé con honores Phi Beta Kappa y Summa Cum Laude. Desde la preparatoria, me he puesto en contacto de nuevo con mis amigos, he conocido a nuevos amigos alrededor del mundo, he corrido en maratones y tengo el trabajo de mis sueños. Y todo esto lo realice a pesar de padecer del trastorno bipolar.

Tal vez sea estupendo ser neuro-típico y no padecer de esta enfermedad mental. “Tal vez no sea estupendo decidir si mis emociones son síntomas o preguntarme si hoy el cielo se encuentra demasiado azul. Pero verdaderamente estoy bien feliz. Tomo dos pastillas al día (a veces más), hablo con mi psiquiatra una vez al mes y sigo viviendo mi vida.

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