Avancemos Juntos Texas: Ayuda para niños con discapacidad y necesidades especiales

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El vínculo de NICU

12/06/2016 | Publicado por: Marty Barnes

A las 36 semanas de mi embarazo perfecto, mi esposo y yo estábamos ocupados planeando la llegada de un bebé saludable. Teníamos nombres elegidos para un niño o una niña y el cuarto para el bebé color verde y amarillo decorado con "Winnie the Pooh" para cualquiera que fuera el género del bebé. Alrededor de las 34 semanas, tomamos una clase sobre embarazo. Aunque aún no teníamos la maleta lista, nosotros ya estábamos listos.

O eso pensamos.

Un día volvimos a la casa por la noche. Unas horas más tarde, nuestras vidas cambiaron para siempre. Tenía un dolor horrible y pensé que de seguro iba a parir. Cuando no se detuvo en absoluto, supe que algo estaba mal. Por suerte nuestro hospital estaba cerca y llegamos muy rápido, al igual que mi ginecólogo obstetra. Después de unos momentos angustiosos durante el trabajo de parto, las enfermeras se dieron cuenta de que el bebé y yo estábamos en peligro y me llevaron al quirófano para una cesárea de emergencia.

El nacimiento de mi hija fue muy traumático. Su situación médica era muy crítica. Cuando pudieron resucitarla, fue llevada inmediatamente a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (NICU, por sus siglas en inglés) y a mí me llevaron a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Mi esposo había estado yendo y viniendo entre la UCI y la NICU toda la noche y entró poco después que desperté. Me dijo que habíamos tenido una niña y que ella estaba arriba en NICU.

Al final me dejaron salir de la cama y me llevaron en silla de ruedas a NICU para conocer a mi hija por primera vez. 

NICU es un lugar aterrador. Cuando vi a Casey conectada a lo que parecía un millón de máquinas, empecé a llorar. Ella era tan hermosa y tan frágil. Lo único que quería hacer era tomarla en mis brazos y huir. No sabía si podía tocarla sin hacerle daño. Había estado enamorada de ella desde el momento de la concepción y mi corazón se rompió en un millón de pedazon mientras la veía allí acostada.

La enfermera que cuidaba de Casey se llamaba Cathleen. Ella se presentó y luego me dio el regalo más increíble. 

Nadie sabía si Casey sobreviviría la noche, así que nos dejaron romper algunas reglas. Cathleen permitió que pudiera sostener a Casey. Sólo por un minuto. Casey estaba en un ventilador. Para que yo pudiera abrazarla, Cathleen tuvo que utilizar el resucitador manual. Siempre apreciaré ese minuto. 

Casey estuvo en NICU durante un mes antes que la transfirieran a otra NICU. Durante ese mes, todas las enfermeras que cuidaban de Casey eran maravillosas, pero Cathleen era especial. Era su enfermera principal y trataba a Casey como a su propia hija. Ella la abrazaba cuando no podíamos estar allí. Ella sostenía su mano y hablaba con ella para calmarla. Ella le mostró a Casey tanto amor, lo que para nosotros significó mucho. 

Cuando Casey fue trasladada a una NICU más grande, estábamos muy tristes de dejar a las enfermeras, especialmente a Cathleen, a quienes conocíamos y confiamos.

Finalmente llegamos a casa con Casey. La llevamos a visitar a sus enfermeras del NICU original y les mostramos lo bien que estaba. 

Mientras estábamos allí, Cathleen se ofreció a cuidar de Casey en nuestra casa para que mi esposo y yo pudiéramos tomar un descanso de vez en cuando. El resto del tiempo que vivimos en Santa Mónica, Cathleen nos visitó cada 1 ó 2 semanas y se quedaría con Casey por unas horas. Ella se convirtió en parte de nuestra familia. Sabíamos que, si salíamos y Cathleen estaba allí, Casey estaba segura y amada.

Nos alejamos un poco antes de que Casey cumpliera 2 años. Cathleen continuó estando al pendiente de Casey durante toda su vida (ella habría cumplido 10 en abril de 2016). 

La experiencia de estar en NICU fue uno de los momentos más difíciles de mi vida. Cathleen ayudó a que ese momento fuera un poco más fácil para todos nosotros. Nunca olvidaremos todo el amor que demostró por nuestra hija.  

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